miércoles, 5 de abril de 2017

LOS PLANETAS / ZONA TEMPORALMENTE AUTÓNOMA

-Zona Temporalmente Autónoma-
El Ejército Rojo/El Volcán Música 2017
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"Haz lo que te dé la gana". Con una sola frase, Aleister Crowley se ventiló décadas de filosofía moral y discusiones sobre el comportamiento humano, desde Aristóteles a Kant y de Nietzsche a Santo Tomás. Todo está permitido, proclamaba el ocultista que se convirtió en el mayor azote para la mentalidad de la era victoriana. Y con ello abrió una cuestión aún mayor: ya no valía lo de "la sociedad es la culpable" ni lo de tirar balones fuera por las consecuencias de nuestros actos. Todos somos libres, autónomos. Y toca apechugar con ello.

Contra todo pronóstico, Los Planetas han llegado a los 25 años de vida. Desde aquel comienzo de los 90, cuando se convirtió en uno de los primeros grupos de la explosión indie en España, su supervivencia ha parecido un milagro: el consumo inmoderado de drogas como motor creativo, su presencia como elemento extraño en una multinacional discográfica (BMG-Sony) que les permitía los desafíos como quien consiente a un primogénito díscolo, la actitud de confrontación, las clásicas coletillas sobre su música (que si no se entiende al cantante, que si las canciones se parecen todas entre ellas) y el hecho de que la práctica totalidad de sus compañeros de generación hayan terminado desapareciendo del mapa presagiaba un recorrido breve.
Pero aquí siguen y quizá la clave sea que no han dejado de caminar a su aire en todo este tiempo. Como Crowley. 

"Zona temporalmente autónoma" es el nuevo disco de Jota (vocalista y compositor principal), Florent (guitarras), Banin (teclados), Eric (batería) y Julián Méndez (bajo). El primero en siete años y también el primero autoeditado por su sello discográfico (El Ejército Rojo) y su agencia de management (El Volcán) tras su marcha de la major. El largo intervalo transcurrido desde "Una ópera egipcia" (2010) podría deberse a los crecientes compromisos familiares de los miembros del grupo y la sucesión de proyectos paralelos, desde Los Pilotos a Grupo de Expertos Solynieve y, especialmente, Los Evangelistas, con el que se quiso rendir homenaje a Morente y con el que lanzaron la carrera de su hija Soleá. El título del nuevo álbum hace referencia a un ensayo de Hakim Bey sobre esos momentos de la historia en que un fenómeno se mantiene al margen de una corriente más amplia que lo terminará engullendo. Para el grupo, esto sirve tanto para el indie de los 90 como para el flamenco nacido de la cultura gitana. Que son los dos polos musicales que han marcado su música desde que en 2007, con "La leyenda del espacio", decidiesen enlazar la psicodelia cósmica de Spacemen 3 con el flamenco sideral del Omega de Morente. Por esos dos lados, el del flamenco con el indie indie, el disco no ofrece mayores sorpresas y el recorrido planetero por los diferentes palos se amplía de forma algo rutinaria con Una cruz acuestas, Soleá o Hierro y níquel.
Donde sí que pilla con el pie cambiado es en el arranque con Islamabad, uno de los singles de adelanto del disco, que no deja de ser uno de sus clásicos pasotes espacial-psicodélicos, pero que se inspira en una letra de Yung Beef. Granadino como ellos, el componente de Pxxr Gvng (ahora Los Santos), es el rostro más conocido del trap en España: un estilo chungo y malencarado ("Me estoy cayendo parriba" como frase para apuntarse) que, a los ojos de Jota, representa a esa nueva Granada musical y religiosa ("Dios sabrá vengarnos, / Dios es grande siempre") que, en el fondo, no deja de ser la misma: la andalusí, la gitana, la rockera.
Por eso la mención a Crowley no es menor: de él adaptan un poema rijoso, escrito tras una visita a la antigua capital nazarí, en La gitana: "Voy a volver con mi gitana / y voy a hacer contigo todo lo que me dé la gana". Una canción con la que no engañan a nadie ni esconden sus referencias habituales, pero que sigue atesorando esa magia del número mil veces visto y que siempre deja con la boca abierta. Lo mismo sucede con Hay una estrella, hecha con guitarra acústica y voz, un poco a lo Space Oddity, pero que termina trayendo a la memoria, como tantos otros momentos de este álbum, aquel otro disco de 2000, "Unidad de desplazamiento". En esa dirección avanzaría también la Sequiriya de los 107 faunos, con Eric aporreando la batería de esa forma que ha creado escuela. Porque me lo digas tú es una hermosura de violines que tampoco estaría tan lejos de José Luis Perales, mientras que Itjihad se revela como un pepino simple y certero que retrotrae a aquel debut con "Medusa EP" (1993) y "Super 8" (1994).

Zona autónoma permamente sigue en esa senda pop molón a lo Nunca me entero de nada, mientras que Libertad para el Solitario y Espíritu olímpico (con la participación de La Bien Querida) consiguen satisfacer los oídos incluso de quienes llegaron a hartarse de The Cure y The Jesus & Mary Chain. Amanecer podría ser la vuelta de tuerca a la devastación yonki de Línea 1.
Guardada para el final está la otra gran sorpresa del disco: Guitarra roja, una incursión en la música latinoamericana a partir de una adaptación de Martín Castro que parece querer funcionar en el terreno de la canción protesta. La queja y la temática social siempre han estado ahí, más o menos evidentes, en las canciones de Los Planetas, como Ciencia ficción. Pero no ha sido hasta ahora que, al modo de Ana Belén y Víctor Manuel cantando el "Abre la muralla" de Quilapayún, se han lanzado a hablar explícitamente de "los reyes y presidentes y sus cortejos inmundos" o se pida que "se implante la anarquía".
Una canción es, en el fondo una decisión, y Los Planetas parecen seguir tirando adelante con ellas.
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Islamabad
Una cruz a cuestas (con Soleá Morente)
Soleá
Seguiriya de los 107 faunos
Hierro y níquel
Porque me lo digas tú
Libertad para el Solitario
La gitana
Ijtihad
Espíritu olímpico
Zona autónoma permanente
Amanecer
Hay una estrella
Guitarra roja
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