jueves, 22 de junio de 2017

EL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO / LA SÍNTESIS O'KONOR

-La Síntesis O'Konor-
Discos Laptra 2017
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Durante más de una década, El Mató a un Policía Motorizado construyó una obra tan distintiva como cerrada en sí misma: a lo largo de un par de discos y tres EP's, apenas hubo variantes para ese sonido que influyó tanto en la escena indie argentina. La mezcla entre las tramas de las guitarras de Sonic Youth y The Jesus and Mary Chain, las bases monolíticas del krautrock, más la poética mínima e iluminada de Santiago Motorizado establecieron una marca registrada que terminó obrando como un corsé, al punto de que los intentos por salirse de allí no terminaban de cuajar. Pero la situación comenzó a cambiar con el EP "Violencia", se vislumbró más certeramente con el single “El tesoro”, y ahora se cristaliza en "La Síntesis O'Konor".

Aunque quizá “cambiar” no sea el verbo más adecuado cuando se habla de El Mató, porque en realidad lo que se escucha en el nuevo álbum no es tanto un volantazo estético por el mero hecho de no repetirse, sino una evolución. Y una que suena orgánica, natural, pese a que muchos de los elementos que constituían la supuesta “personalidad” de la banda aparezcan sólo de a ratitos. Lo que se escucha ahora es una banda que parece no tener más fronteras que las de la creatividad de sus integrantes, que incorporaron nuevas influencias, sonoridades y estructuras, y las vuelcan sin prejuicios ni presiones autoimpuestas.

“El tesoro”, la canción que había servido como adelanto del disco, marca de entrada tanto las similitudes con la obra anterior de El Mató como la amplitud de miras que la banda concreta en el disco. Las guitarras de Niño Elefante y Pantro Puto suenan con una limpieza insospechada, hay planos sonoros diferentes para los teclados de Chatrán Chatrán, y Doctora Muerte y Santiago Motorizado tienen “aire” para establecer una base que muta con los vaivenes del tema. “Me gusta estar de nuevo acá / aunque no hayas preguntado por mí / Voy a quedarme un poco acá / cuidarte siempre a vos en la derrota / hasta el final, el final”, canta el bajista mientras ve una relación desarmarse pese a su voluntad.

En lo musical, “Ahora imagino cosas” parece una suerte de remezcla de “Mujeres bellas y fuertes”, pero que al dejar de lado la distorsión suena muy cercana al vértigo guitarrero de los primeros Strokes. “Hoy voy a salir a buscar todo lo que quiero / voy a derrumbar mi casa y empezar de nuevo”, canta Santiago en “La noche eterna”, con guitarras a la Radiohead que generan reflejos luminosos en medio de una apacible oscuridad. Y la sensación de “espacio” entre los instrumentos -en la que se nota tanto la mano de Eduardo Bergallo como la calidad del estudio texano Sonic Ranch- continúa en “Alguien que lo merece”, una suerte de vals con el baterista aconsejado por Phil Spector.

“Las luces” arranca con una guitarra distorsionada tirando acordes sueltos, mientras en un plano secundario la batería monolítica gana terreno, como si se tratara de dos canciones diferentes a las que se suma la voz en un tercer registro. Lo extraño e interesante es que, pese a su carácter experimental, forman un todo coherente. Aunque sea menos inusual, algo similar sucede con el instrumental que le da nombre al disco, en el que la base motorik suena aunada a guitarras y teclados que hacen pensar en la impudicia indie pop de Mac DeMarco. Y si la estructura de “Destrucción” tiene un formato más clásico de El Mató, la instrumentación (con percusión electrónica, palmas y guitarra tocada con slide) la convierte en una gema pop rock.

La dinámica de repetir una frase hasta que cobre múltiples sentidos reaparece en la breve “Excálibur” (“¿Por qué tuviste que decirme eso?” es toda la letra del tema), pero el contexto no podría ser más diferente del de canciones como “Amigo piedra”: una guitarra acústica, la voz susurrada, y una marimba sutil que se mezcla con violas pasadas al revés. El costado más pop de Weezer sirve como referencia para “El mundo extraño”, en la que Santiago muestra otra vez el personaje de perdedor, que en este caso mira desde el asiento trasero del auto a la chica junto a su novio. “Quiero estar con vos, que me quieras así / Liquidado estoy, esperando hasta el fin / Sé que es lo peor, pero esta es la mejor versión de mí”, le dice.

El final con “Fuego” es otra muestra de todo lo que ganó el quinteto en su nuevo enfoque, porque convierte a una canción típica de El Mató en una que podrían haber firmado Martin Gore o Dave Gahan en su etapa más oscura. Los teclados, en esta versión de la banda, pasaron de ser un detalle casi cosmético a una fuerza creativa más en un universo en expansión. “Ahora soy mejor / te juro, soy mejor”, canta Santiago. Y no queda otra que darle la razón.
El tesoro
Ahora imagino cosas
La noche eterna
Alguien que lo merece
Las luces
La síntesis O'Konor
Destrucción
El mundo extraño
Fuego
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